por Andrés Villalobos (Iván)
Mi llegada al MIR fue, más que nada, fortuita. Si mal no recuerdo, fue un domingo, en la primavera de 1969. Un grupo de amigos habíamos estado presenciando un partido de fútbol en la cancha del club de nuestro barrio, en Renca, allá donde vivíamos. Cuando terminó la “pichanga”, mi mejor amigo y yo, nos quedamos conversando, arreglando el mundo, como se dice.
De repente, mi amigo me dice que se tiene que ir.
– ¿Y, a dónde vas?, le pregunto.
–A una reunión política de izquierda…
– ¿Y, por qué no me invitas? Yo también soy de izquierda, tú lo sabes…
–Es que no puedo. –No es una reunión abierta… dice mi amigo, disculpándose.
– Pero ¿es que no soy tu amigo?, le reprocho.
Él se queda mirándome, como sopesando la situación. De repente me dice:
–Bueno, no creo que sea problema. Vamos.
–Y nos fuimos…
Cuando llegamos al lugar, había ya varias personas allí. Varios de ellos no parecían ser del barrio. Debían ser universitarios o algo así, a juzgar por la de la forma de expresarse, la vestimenta y la pinta en general.
– ¿Y, éste quién es? –¿Por qué lo has traído contigo? pregunta el que parecía encabezar el grupo. –Tú sabes muy bien las reglas…
Mi pobre amigo se deshacía en explicaciones y autocríticas. Pero finalmente atinó a decir que él confiaba en mí. Que soy su amigo y, además, sindicalista de izquierda. Que también podría integrarme…
Lo que yo no sabía, era que esa era una de las reuniones que se realizaban para formar el MIR en la zona norte de Santiago. Y que, algunos de los presentes eran pesos pesados del MIR a nivel regional y nacional. Lo cierto es que dieron su aprobación y pude quedarme con la condición de que lo que allí se tratara no podía contárselo a nadie.
Lo que vi y escuché de boca del Chico Matías (Álvaro Modesto Vallejos Villagrán), del Chico Feliciano (Raúl Guillermo Cornejo Campos), del Flaco Lucho o de alguno de los otros presentes (que más tarde supe pertenecían al Regional Santiago, Comité Central o la Comisión Política) me colmó de expectativas y quise saber más.
Pero acarreaba sus peligros. Todavía estábamos en el gobierno democratacristiano de Eduardo Frei y el MIR estaba fuera de la ley. La razón: diversas acciones directas como tomas de terreno y de fábricas y, las acciones armadas realizadas por miembros de la organización, sobre todo las exitosas expropiaciones llevadas a cabo contra varios bancos de la capital.
