Éramos casi inseparables…

por Andrés Villalobos (Iván)

La caída del Bauchi (Bautista Van Schowen) el 13 de diciembre, mientras se encontraba refugiado en la iglesia de Los Capuchinos –probablemente a partir de una delación– marcó el inicio de la cacería de nuestros dirigentes y cuadros medios.

Muchos queridos compañeros cayeron en el transcurso de 1974. Algunos de ellos casi mis hermanos. Tal es el caso de José Manuel Ramírez Rosales (Moisés, Ignacio), un cristiano de vanguardia y revolucionario, que me llevó a mi primera reunión con el MIR, cuando éste todavía estaba formándose en la capital.

Éramos casi inseparables. Vivíamos en el mismo barrio y, en ocasiones, nos pasábamos horas discutiendo sobre el hombre nuevo y las coincidencias entre el marxismo–leninismo y la Teología de la Liberación postulada por los cristianos de vanguardia en América Latina.  Durante el gobierno popular, había muchas noches que nos la pasábamos en vela conversando en voz baja en el salón de su casa –para no despertar al resto– sobre todo cuando su mamá nos había dejado pan amasado o sopaipillas en una esquina del brasero, para que se mantuvieran calientitas.

Juntos, nos fogueamos en el trabajo político y de masas en las industrias de la Panamericana Norte –como Caupolicán y Panal– unas textiles muy combativas. Pero, sobre todo, en poblaciones y campamentos de la Comunas de Renca, Quilicura y otras comunas de la zona norte de la capital. Juntos fuimos también a nuestra primera instrucción militar en una parcela cerca de Algarrobo.

Fue detenido el 27 de Julio de 1974, en horas de toque de queda, en su hogar de la Villa Carlos Cortés, a pocas cuadras Santa Rosa y lo que luego sería la Autopista Américo Vespucio. Quienes lo apresaron dijeron ser de Investigaciones de La Cisterna, pero muy pronto se pudo establecer que se trataba de agentes de la DINA comandados por Osvaldo Romo Mena. Fue llevado a Londres 38 y posteriormente a la Villa Grimaldi. Desde allí se pierde su rastro en septiembre de 1974. 

El Cura Chico, como también le llamábamos, tenía 22 años y un hijo de 7 meses al momento de su captura. Su esposa, Nelly, una compañera que también militaba con nosotros –con quien se había casado en 1972– y su familia de Renca le han buscado incesantemente desde entonces.

25 de Noviembre de 1972 – Sergio, Angela, Ignacio, Iván

En el Partido, trabajamos casi siempre juntos. Sólo nos separamos, cuando ya el MIR era una fuerza importante en Santiago y el GPM 8 –donde militábamos– tuvo que dividirse.

Yo me fui a hacer trabajo de masas y construcción de partido en lo que entonces era Quinta Normal y Barrancas.  En teoría, él también se había trasladado a la dirección del nuevo GPM, pero pronto se hizo cargo de tareas más ligadas a la coordinación en la zona noroeste del Regional Santiago y actividades de apoyo a estructuras centrales de nuestro partido. Nunca perdimos el contacto. Sólo unos días antes de su captura, estuvimos analizando la situación política y las perspectivas. Su desaparición y su segura muerte, en alguna mazmorra de la dictadura, me duelen hasta el día de hoy.