Un internacionalista cabal

Hugo Norberto Ratier Noguera llegó a Chile en 1970, durante el gobierno de la Unidad Popular. Hijo de una familia de tradición peronista de Misiones, Argentina, y sobrino del alto oficial de la Marina argentina, Enrique Noguera Isler, quien fuera edecán del ex presidente Juan Domingo Perón.

Traía una formación política forjada en la izquierda revolucionaria de su país, y una práctica en las luchas en Rosario y la provincia de Córdoba, donde se había trasladado para cursar estudios y donde conoció a Florencia, su compañera. En Chile, se incorporó al MIR, haciendo trabajo sindical en el cordón Panamericana Norte y en poblaciones y campamentos de Renca, donde ellos se habían radicado. Para sobrevivir, hacian trabajos de artesanía en cuero como morrales y carteras de mujer de este material.

De carácter afable y sonrisa fácil, Hugo junto a su compañera y su pequeño hijo, Huguito, se integraron rápidamente en el grupo de jóvenes que, por ese entonces, formábamos el MIR en Renca y en la zona norte de Santiago. Éramos, en realidad, como una gran familia y, muchas veces, nos juntabamos para conmemorar algún acontecimiento, casi siempre en alguna de las casas de los compañeros más conocidos.

Después del golpe militar, Hugo pasó a la clandestinidad, mientras que su compañera y su hijo eran sacados del país, por el peligro que corrían. Casi enseguida, él desempeñó tareas en la reconstrucción clandestina de la lucha política y en la organización de los primeros brotes de resistencia popular que empezaban a gestarse. Al mismo tiempo, asumía tareas de apoyo a la dirección regional del MIR en Santiago.

A fines de 1975, integró la dirección clandestina del MIR que se hizo cargo de reagrupar al partido, que quedaba muy diezmado después de las terribles pérdidas de militantes en 1974, la muerte de Miguel Enríquez y el devastador golpe represivo de la parcela de Malloco donde muere Dagoberto Pérez y se provoca la salida del país de Andrés Pascal y Nélson Gutiérrez.

«José», como le llamábamos, se integra la dirección regional y luego nacional en uno de los momentos más duros, donde la supervivencia de la organización estaba en entredicho.

Aparte de su hijo Hugo con el que llegara a Chile, en la clandestinidad y con su otra compañera, Ruth Carvajal Peña, tendría dos hijos más: Úrsula y Dagoberto.

En esos años difíciles, destacó como un jefe valiente y creativo en la lucha política y en la planificación y ejecución de numerosas operaciones armadas.

Hugo Ratier Noguera nació argentino pero eligió quedarse en Chile para luchar contra la dictadura hasta las últimas consecuencias. Fue un internacionalista cabal, un destacado miembro del comité central y jefe de la fuerza militar del MIR en Santiago.

Fue asesinado por miembros de la CNI y el Comando Conjunto el 7 de septiembre de 1983 en su casa, en la calle Janequeo de Quinta Normal, minutos después que el otro compañero que vivía ahí, Alejandro Salgado Troquián fuera ametrallado a unas cuadras de distancia. Unas horas antes, el mismo Comando Conjunto y la CNI habían asesinado al Encargado Militar del MIR, Arturo Villavela Araujo, a Lucia Vergara Valenzuela y Sergio Peña Díaz en su domicilio en calle Fuenteovejuna.

Para nosotros, sus compañeros de aquellos inicios en Renca y en las luchas posteriores, su carácter afable, su sana alegría y su entrega estarán siempre presentes. Su heroico sacrificio internacionalista en la lucha por la libertad del pueblo chileno nunca debiera ser olvidado.

Colectivo R-48918.