Mi más grande amigo y camarada

Lo conocí en Renca.

Allí había llegado clandestinamente desde Argentina, con su compañera y su hijo de 5 añitos, en ese entonces. Escapaban de la represión de allá. Militantes del ERP, y con alguna historia que nunca me quisieron relatar. Su lenguaje suave y dulce procedía de su provincia nortina, Misiones, se le iluminaban los ojos cuando recordaba su tierra, pero rápidamente adoptó la nuestra y allá se quedó para siempre.

Callado, observador, sobrio, gran fumador, parco en el comer. Espartano, en resúmen. Su silueta alta y desgarbada siempre me sonó a Don Quijote, pues tal vez lo era. Sus molinos de viento fueron chilenos y contra ellos se quedó luchando.

Después del golpe, lo recuerdo mas flaco aún, deambulando peligrosamente por las calles sin carnet ni nada. Si total nunca tramitó los papeles, así que era como si no existiera. Con su mate en el bolsillo, entraba en las fuentes de soda a pedir agua caliente para rellenar su mate y se iba a un asiento de algún parque a darle tranquilas chupaditas a su mate querido. Cuando yo lo veía en los «puntos de contacto», hablaba mucho, de lo humano y de lo divino, no tenía muchas más personas con las que hablar así que aprovechaba esos momentos. Fumaba mucho y no se alimentaba casi. Había llegado a perder algunos dientes producto de esto.

Como al año consiguió «chapa» y, entonces, ya pasó a ser «José» en escrito, que ya era algo…

Así lo dejé un día de 1976. No supimos más de él hasta que a los muchos años le mandó una carta a su hijo Hugo, en un país lejano. En esa carta le expresaba sus ganas de saber de él. El hijo se pensó la respuesta un par de meses, enojado por la larga ausencia de su padre. Y en eso llegó el 7 de septiembre de 1983 con la trágica noticia de su muerte en la calle Janequeo.

Por ahora, no sé que más contar sobre él. Sólo quería que compartierais conmigo un minuto de recuerdo de quien ha sido para mí el más grande amigo y camarada: HUGO RATIER NOGUERA.

P-S