Viva la Historia

por María José Ramírez Morales

25 de septiembre de 2018

Hace unos días fue 11 de septiembre, fecha donde se conmemora uno de los sucesos más tristes y dolorosos de Chile, el Golpe de Estado. Por lo tanto, es fácil inferir que el ambiente se vuelve denso durante estas fechas y que las opiniones vuelan por el aire. En uno de esos días estaba sentada en la Plaza de la Constitución, cuando de lejos escucho un comentario de una conversación entre dos personas: “¿Por qué los conmemoran si ya están muertos? No hay nada que hacer”. Además de molestarme, esa frase me dejó con la duda que utilizaré para este ensayo: ¿Están realmente muertos? Antes de dar mi respuesta, los invito a leer unas pequeñas historias que quiero contar en relación a Pepe, mi tío detenido desaparecido.

La primera historia es lo que se conoce oficialmente: “José Manuel Ramírez Rosales (Pepe de cariño), 22 años de edad, casado, un hijo de 7 meses, militante del MIR, fue detenido a la una de la madrugada del 27 de julio de 1974, en su domicilio por tres individuos de la DINA que en ningún momento presentaron orden competente ni se identificaron debidamente. Se llevaron al afectado señalándole a su cónyuge, que fuera a preguntar por él al cuartel indicado anteriormente. De inmediato su familia se dirigió al mencionado recinto, donde negaron cualquier relación con los hechos descritos. José Ramírez jamás regresó a su hogar.” (Memoria Viva, 2010).

La segunda historia no es tan fría como la anterior. Les quiero hablar de mi tía política, Nelly, su relación con mi tío y cómo ella ha sido un gran ejemplo de perseverancia y hambre de justicia: Ellos se conocieron en el cerro de Renca cuando tenían apenas 18 años donde se hicieron amigos, pero su relación amorosa comenzó mientras ambos militaban dentro del MIR, llegando a casarse y a tener un hijo llamado José Manuel al igual que su padre. Ella nos cuenta por medio de un testimonio (Berenguer, 1995) que días después de que él desapareciera, le llegó un mensaje por parte de Pepe donde le decía que ya era tarde y pedía que llevara a su hijo por buen camino. Desde ese entonces ella no ha descansado, iba juicio tras juicio, recolectaba testimonios de personas que lo habían visto, incluso tuvo la oportunidad de hacerle preguntas a uno de los agentes de la DINA que se lo habían llevado esa madrugada del 27 de julio. Hoy en día, ya jubilada y abuela de 3 nietos, ella aún está buscándolo.

“Nunca volvimos a verte Pepe, pero quiero que sepas que puedes estar tranquilo, tu hijo ya se hizo hombre, tiene tu hermosa sonrisa y al igual que tú, es un hombre bueno. Por mi parte, tenlo por seguro, finalizaré mis días con tu fotografía en el pecho exigiendo verdad y que se haga justicia”. (Berenguer, 1995)

La tercera y última historia es de mi abuela, padre y tíos, una familia entera en busca de José Manuel: Pepe no fue el único afectado, también uno de sus 6 hermanos, Nelson, fue torturado por tres días en el Cuartel Borgoño, pero logró salir de su lugar de tortura. Mi padre me contaba que como familia iban a la Vicaría de la Solidaridad a solicitar asistencia jurídica. Hoy en día mi abuela aún nos cuenta como ella recuerda sentir la cálida mano de su hijo desaparecido en su hombro, tal como mi padre aún recuerda cuando juntos con Pepe miraban partidos de fútbol en la televisión.

¿A qué quiero llegar con estas historias? Por obvias razones yo no pude conocer en persona a mi tío Pepe, tampoco vi lo que mi familia vió durante esos años, pero crecí con estas personas, con sus historias y sus memorias. Cuando me cuentan cómo era José Manuel, su simpatía, su cristianismo y sus dotes de líder, me lleno de vida. Solo me basta con cerrar los ojos mientras escucho sus testimonios y puedo sentir el miedo, la nostalgia, impotencia y angustia. Solo me basta con ir al Museo de la Memoria o a Villa Grimaldi para tener sensaciones de pavor y rabia que me serán difíciles de olvidar. Esto me lleva a pensar que él está vivo, porque lo recuerdan así.

En conclusión, la historia es vida, y mientras el nombre de José Manuel y la de todos los detenidos desaparecidos estén escritos tanto en internet como en cualquier lugar de tortura y sus retratos estén colgados en el Museo de la Memoria, estarán vivos.

Así que no te preocupes tío, mientras mi tía Nelly recuerde tu silueta en el cerro, mientras mi padre recuerde como cargabas a tu hijo de 7 meses en brazos con dulzura, mientras tu hijo, nietos y sobrinos conozcan tu historia, estarás vivo.

Bibliografía

Berenguer, N. (1995). Una Preciosa Silueta Recortada Contra la Montaña. Obtenido de Las Historias que Podemos Contar: http://lashistoriasquepodemoscontar.cl/josemanuel.htm

Memoria Viva. (17 de 07 de 2010). Memoria Viva. Obtenido de http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-R/jose_manuel_ramirez_rosales.htm