Parte del relato del único sobreviviente de la masacre de Janequeo:
el [a esa fecha] menor de edad, Miguel Alejandro Bustos Césped
[…]
-Me referiré a Alejandro Salgado Troquian, ciudadano chileno que nunca salió de su patria dedicando su vida a la lucha antidictatorial como militante de la resistencia y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Él fue mi padre.
Hugo Norberto Ratier Noguera, ciudadano argentino quien llegara a Chile el año 1970. A quien yo apreciaba y le llamaba tío, considerándolo como tal. Hugo Ratier nunca retorna a Argentina ni dejaría Chile. También dedicó su vida a la lucha por la justicia y la libertad de los pueblos tanto en su país como en Chile, donde asumió la lucha antidictatorial como militante de la resistencia y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR.
-Desde muy niño recuerdo que mi madre, ayudaba a la gente en nuestra población, a través de la organización social y como Tesorera de Junta de vecinos, Unidad Vecinal N° 35. Después del golpe militar en Chile el año 1973 se impone el miedo y el terror, las fuerzas armadas ejercen la represión e imponen el toque de queda, la miseria y el terror.
Mi madre continuó organizando comedores infantiles los cuales constituyeron el sustento para familias enteras. Surgen las bolsas de cesantes y agrupaciones juveniles, actos culturales, huelga de hambre año 1978 en Parroquia San Alberto de Recolecta.
-Fue en este contexto que conocimos a Alejandro Salgado Troquian el año 1976. Él era uno de los que acostumbraban a llegar a nuestra casa, gente de iglesia, políticos, jóvenes, y trabajadores. Por el comedor y la bolsa de cesantes nuestra casa comenzó a ser vigilada por la represión y mi madre perseguida en varias ocasiones.
Paso a la clandestinidad. Conocen a «José»
-El año 1979 nos cambiamos a una nueva casa, cortamos relación con nuestros familiares y amistades anteriores por seguridad nuestra y de ellos. Pasamos a formar una familia junto a Alejandro Salgado Troquian, él pasó a convertirse en nuestro padre. A Alejandro lo conocimos con el nombre de «Raúl», después de un tiempo conocimos a “José”, el flaco, así le decíamos con cariño a Hugo Norberto Ratier Noguera.
-En ese tiempo vivíamos en la comuna de la Florida en el pasaje Los Copihues paradero 24 1/2 de Vicuña Mackenna. Yo iba a un colegio del sector, mis hermanos Luis E. y Sandra V. tendrían alrededor de 10 años, y estudiaban por las tardes en un colegio del paradero 21 o 21 1/2 de Vicuña Mackenna, Juan C. 2 años mayor que yo estudiaba en la jornada nocturna en el mismo colegio. Yo tendría 12 años y llegaba primero a casa, los íbamos a buscar en vehículo por las tardes o a veces se venían con nuestro padrastro (Alejandro Salgado).
-El año 1980 nos cambiamos a la comuna de San Miguel paradero 9 1/2 de Gran Avenida, en la calle Ingeniero Bush, seguimos asistiendo a las mismas escuelas. [Después] Comencé en una escuela más chica que quedaba cerca. Los cambios de escuela nos obligaban a reforzar las leyendas para sortear las preguntas de los nuevos compañeros de clases sobre quienes realmente éramos, pero ya estábamos acostumbrados.
-Al poco tiempo de cambiarnos a esta casa llegan los primos …Levinao …, y otro compañero que llamaban El Pelao. Se quedaron largo tiempo y vivían en forma clandestina. [Eso quiere decir, que no se dejaban ver bajo ningún motivo, que no existían para el vecindario. Que entraban y salían de la casa ocultos en el portaequipajes o acostados en el piso del vehículo, cubiertos por una manta o algo similar, mientras los menores ocupaban los asientos traseros.] [El tío] Hugo Ratier salía y llegaba de la misma forma cuando nos visitaba.
-Al pasar los años supe que los primos Levinao eran buscados por la represión, aportaban a la resistencia desde la clandestinidad.
-Mas o menos en marzo o abril del 1981, llegan a vivir a la casa María Verónica … y su hija Jessica de dos años y María Loreto … y su hija Tania también de dos años de edad. [Ellas eran las compañeras de los primos Levinao] El Pelao dejó la casa antes. Eramos 3 familias, [los Levinao] y nosotros.
Algunos párrafos sobre la vida clandestina
-Aproximadamente en Septiembre – Octubre de 1981 los primos Levinao tuvieron que irse, quedando en casa junto a nosotros sus compañeras … e hijas. María Verónica estaba embarazada por entonces.
-Con el pasar de los años supe que María Verónica … había caído en manos de la represión antes de que llegara a nuestra casa, al nacer su hija Jessica. La volvería encontrar el año 1984 o 1985 en FASIC después de ser liberada de una
detención junto a sus hijos. María Loreto … saldría del país, escapó de una casa en manos de la represión a fines del año 1982.
-La presencia de Hugo Ratier era constante en este período, un día tuvimos que acoger a 2 compañeros heridos, uno de ellos era Rolando Cartagena, mi hermano Carlos los atendió con las indicaciones dadas por la doctora y permanecieron en la casa durante su recuperación.
-Años después, Rolando Cartagena sería detenido y permaneció 10 años preso. La doctora fue detenida, torturada y encarcelada años mas tarde, a fines del año 1982.
-María Verónica siguió su embarazo sin complicaciones, se ponía nerviosa cuando pensaba en el momento del parto. Mi madre conocía gente en los consultorios solidarios del Salto y Renca, María Verónica iba [allí] a controles de su embarazo.
-Ella dio a luz a un niño bajo otra identidad en el hospital San José, Rodrigo, se llamaba la criatura, nació en la clandestinidad. (…)
La represón anda cerca…
-Al tiempo fue necesario cambiarse de casa nuevamente, nos fuimos a la comuna de La Cisterna al paradero 22, 1/2. De Gran Avenida recuerdo que esta casa quedaba bastante retirada de Gran Avenida y además era bastante grande en un sector de villas.
-Allí nos fuimos los 6 integrantes de la familia junto a Alejandro Salgado Troquian. Las compañera María Verónica y María Loreto nos acompañaron a esta nueva casa, ellas tenían consigo a sus hijas Jessica, Tania y el bebé Rodrigo. Esperaban salir pronto del país…
-Sin embargo, a pocos días de cambiarnos llegaron a la casa dos hombres que dijeron ser de Investigaciones, preguntaron por los dueños de casa y mi madre les explicó que nosotros recién nos habíamos cambiado, entonces ellos pidieran poder entrar a la casa misma. Al ver los embalajes, muebles y maceteros que estábamos ordenado se dan cuenta de que éramos recién llegados. Preguntaron por nuestras identidades y quien es quien en la familia. Mi madre justifica la presencia de María Verónica como la empleada y María Loreto como amiga de la familia de provincia que
venía a ver un médico para su hija Tania. Alejandro Salgado no estaba en casa. Investigaciones explican su presencia allí dado a que los antiguos arrendatarios estaban involucrados en fraudes económicos.
-[Pero cuando] mi madre consultó en el almacén de enfrente de la casa, se enteró que la gente que vivía allí era gente muy buena y que habían recibido su casa propia por lo cual se habían ido de allí.
-Ese día por la tarde regresamos a la casa anterior en San Miguel la que aún no se entregaba. Frente a la incertidumbre que los detectives originaron y como medida de seguridad, Alejandro plantea a mi madre llevar a María Loreto y su hija
Tania a otro lugar. Ese día en la tarde, se decidió que todos los niños abandonaran esta casa. Juan Carlos, el mayor, nos llevó a los cuatro. Más tarde mi madre se encargó de sacar a María Verónica, su hija y bebé a otro lugar más seguro.
Así nos encontramos nuevamente con mi hermana Patricia, mi hermana Ita (Digna Luisa) nos distribuyó en distintos lugares donde viviríamos hasta que la situación de incertidumbre se aclarara. (…)
La casa de Janequeo 5707 y la vida con el Tío Hugo
-A la casa de Janequeo en Quinta Normal llegamos a principios de Enero del año. Era una casa quinta y estaba ubicada frente a un policlínico. Se entraba por calle Janequeo 5707, el sitio era grande, colindaba con la calle posterior,
Cauquenes, por donde ingresaba el vehículo. El primer patio era el más cercano a la casa misma y tenía árboles frutales de distinto tipo, además de una gran ramada de parra que cubría todo el pasillo del patio. El segundo patio tenía las dimensiones de una mini cancha de fútbol, muy despejado y con nogales, había laureles, olivos y granadas. Ambos patios estaban separados por un muro que se comunicaban a través de una puerta de madera.
-La construcción de la casa era antigua, tipo colonial con grandes ventanales, con doble puerta de entrada, y piso de madera, el baño estaba saliendo al primer patio.
-Por Janequeo se llegaba a la plaza Garín, y en la esquina con Samuel Izquierdo había una carnicería, una panadería, una botillería, y justo en la esquina un taller reparador de calzado. Dos o tres casas después de la nuestra, en dirección a la
plaza, había un albergue y era común ver gente afuera conversando. Algunos niños acostumbraban a jugar afuera temprano. La gente era bastante cordial, la chica de la panadería que era muy servicial y alegre.
-El tío Hugo Ratier también llegaba allí. Ya una vez instalados y con nueva identidad comenzamos a ir al colegio con mi hermano Luis E., se llamaba D22 el cual quedaba en Tropezón. Yo estudiaba de mañana, me gustaba ir a la escuela, ésta era una escuela de hombres, como habíamos dejado la escuela tantas veces se hacía un poco difícil retomar el estudio. Yo cursaba el octavo básico. (…)
-Más o menos en Febrero del año 1983 llega vivir a la casa el tío Hugo Ratier y su familia, su compañera Ruth Leonor Carvajal Peña y los hijos de ellos quienes eran: Claudia, Marcelo, Ursula y Dagoberto. Úrsula y Dagoberto eran hijos reales del tío Hugo Ratier.
-En aquella época habían comenzado las protestas en los colegios de enseñanza media y universidades. Vendrían las cacerolas que se escucharían por todos lados.
-En el mes de Abril del Año 1983 se van de la casa Ruth y los hijos de ellos. Hugo se queda, Él estaba nervioso y triste cuando sus hijos y compañera se fueron.
-La resistencia continuaba junto a los quehaceres cotidianos. Las protestas se agudizan y la dictadura utiliza a las fuerzas armadas para contener las exigencias populares, la represión se intensifica.
-Durante un tiempo se vio gente extraña por el sector. Un taxi se paraba en la esquina de Samuel Izquierdo con Janequeo y a veces frente a la casa, en una ocasión el taxi no tenía patente. Sospechamos que era un control sobre nosotros, pero luego se fueron. En Mayo del año 1983, se decide que mi madre salga al extranjero a conseguir apoyo económico, vendimos el vehículo que teníamos. Alejandro salía bastante para poder cumplir las tareas más importantes movilizándose ahora en locomoción colectiva.
Los meses de invierno de 1983
-En este período nos encontrábamos viviendo en casa Hugo Ratier, Alejandro Salgado, mis hermanos Sandra Virginia, Luis Enrique y yo.
-Yo iba a la escuela, pero no mi hermano Luis E. Él no iba por ser muy chico y el viaje en micro a la escuela era largo y acompañaba a mi hermana en casa. Yo hacía las compras que se necesitaran.
-El tío Hugo Ratier se encargaba de preparar la comida, comíamos juntos por las tardes, conversábamos, mirábamos televisión y fútbol. Hugo se preocupaba por Alejandro y siempre estaba pendiente de la hora.
-Alejandro estaba haciendo todo los tramites para que nosotros saliéramos del país, debido a que la situación era arriesgada por los factores económicos y de seguridad se decidió que nosotros saliéramos definitivamente del país.
-Hubo una reunión de apoderados en la escuela y a ella asistió Alejandro Salgado, yo había obtenido las mejores notas de mi clase. Allí yo lo sentí mas como un padre. Con Hugo [también] se dio una relación muy fuerte, estábamos [muchas] horas solos en la casa.
-Después de un tiempo comenzamos a ir a buscar comida a una casa del sector. Alejandro había arreglado todo, yo era el encargado de ir a buscar las viandas con el almuerzo. Alejandro la traía a veces, otras veces yo retiraba las viandas sin saber quien era esa familia (Era Eddy … , él vive en Estocolmo y está dispuesto a declarar), ellos suponían que éramos del sector.
-A fines de Agosto del año 1983 dejan la casa mis hermanos Sandra Virginia y Luis Enrique, se encontrarían con mi madre en algún lugar mas seguro. Después sería mi turno y el de Juan Carlos quien en ese entonces estaba desconectado de la familia.
-Al quedarme en casa junto a Alejandro y Hugo se puso el ambiente más triste para mí, supimos que Sandra y Luis salieron bien, sin problemas, del país. Mis trámites para salir del país estaban listos y sólo quedaban algunos detalles.
-Hugo me contó que tenía un hijo en Italia mas o menos de mi edad de nacionalidad Argentina. También me hablaba de su vida cuando era más joven dándome consejos, conversaba de Claudia, Marcelo, Úrsula y Dagoberto. Con Alejandro Salgado también se generaban conversaciones, era como si yo fuera un adulto. Nos conocíamos tan bien que todo los quehaceres en casa los hacíamos en forma compartida con el tío Hugo.
Los últimos días
-Yo pensaba mucho en mi hermano mayor Juan Carlos, no sabía si saldríamos juntos o separados del país. Los días pasaban seguían los planes que yo viajara, seguía asistiendo a la escuela. Por las tardes al llegar a casa, ayudaba un poco con los quehaceres domésticos, luego comíamos juntos. A veces Alejandro Salgado volvía a salir. Alejandro Salgado seguía realizando las gestiones necesarias para mi salida.
-Y buscando una solución para él y Hugo. Las esperas diarias por el regreso de Alejandro con buenas noticias se hacían largas y tensas.
El día 7 de Septiembre de 1983
-Ese día 7 de Septiembre, como siempre fui al colegio y regresé a casa alrededor de las 14:00 horas. En casa se encontraban Alejandro Salgado Troquian y mi tío Hugo Ratier. Ese día almorzamos juntos nosotros tres y como de costumbre escuchando las noticias por la radio mientras comíamos. Después nos quedamos conversando un rato de sobremesa y el Tío me preguntó como me iba en el colegio a lo que le contesté que más o menos, entonces él empezó a hablar de su tiempo de estudiante en su ciudad natal de Rosario – Argentina. Luego el tío lavó la loza y mi papá salió
como a eso de las 16:30 horas. Quedándonos solos con el tío en casa.
-Conversamos un rato en el living y después yo me fui a mi pieza a estudiar un rato y a encontrar algo con que entretenerme. Nuestra espera y preocupación por Alejandro se expresaba con el silencio que se daba en casa. La tarde pasó rápido, a eso de las 20:00 horas fui a la cocina para preparar algo para comer, compartí una leche con plátano que el tío ya había preparado. Luego de esto nos fuimos de nuevo al living, nos sentíamos mas relajados ya que sabíamos que Alejandro no tardaría en llegar. El tío puso el televisor mientras hervía el agua para un café. Me puse a mirar una enciclopedia que estaba en la mesa que usábamos como escritorio que se encontraba en el living. Cuando el tío se sirvió el café miré la hora y vi que era hora de noticias, estas ya habían empezado, encontré que las noticias estaban aburridas así que me fui a mi pieza para escuchar un poco de música.
-Puse un cassette de Los Jaivas, me disponía a sentarme en un sillón grande ubicado junto a la ventana que daba a la calle cuando se escucha una ráfaga de ametralladora a unos 100 – 200 metros de la casa, calculo. Se escuchó bastante
cerca pero no le di mayor importancia porque era normal escuchar todo tipo de disparos en Santiago por aquel tiempo de protestas y de represión. Traté de concentrarme nuevamente en la música cuando escuché gritar a los niños y a gente que se encontraba en la calle, casi simultáneamente a esos gritos y tumultos las ráfagas de ametralladoras ya eran contra nuestra casa. Fue todo muy rápido entre las primeras ráfagas a distancia y el ataque a la casa. Todo se convirtió como si fuera una guerra!. Me paré rápidamente del sillón tratando de pensar qué hacer, instintivamente no podía salir afuera porque la balacera era intensa y el ataque venía desde el exterior, además se escuchaban detonaciones como granadas o bombas.
-La casa se estremecía por las detonaciones y rápidamente comienza a llenarse de humo. Yo trato de ubicar al tío, lo llamo y no escucho respuesta, no era posible escuchar porque el ruido de las balas y las granadas que se lanzaban contra la casa era muy grande.
-Tampoco creo haber gritado, no me salía la voz al tratar de llamarlo. Ni menos podía correr. Hoy recuerdo que mi cuerpo estaba tenso y apenas podía caminar. Era algo que yo nunca antes había vivido ni sentido.
-Salí al corredor, allí me detuve quizás unos segundos como queriendo pensar, recuerdo que trataba de llamar: ¡Tío! ¡Tío! Mirando a mí alrededor. El ruido de las ráfagas era infernal, el humo se expandía rápidamente. Fui a la cocina, no lo
encontré, entonces fui a su pieza tampoco estaba, recuerdo que vi el diario que estaba tirado y tampoco estaba en el living.
-Salí hacia el primer patio de la casa, entré al baño buscándolo, tampoco estaba allí, apagué el califont, fue una reacción espontánea como apagar el califont cuando hay temblores, a lo mejor temí que se incendiara la casa.
-Ya habían pasado quizás mas de 10 minutos y el ataque a la casa continuaba con la misma intensidad, ya había recorrido las diferentes piezas menos en la que yo me encontraba cuando todo comenzó. Pensé en mi papá, en mi familia, mi mamá, mientras miraba alrededor. El techo retumbaba, el humo me sofocaba, el interminable y brutal ruido de las balas y granadas continuaba. Yo no podía ver de donde venían, pero las sentía, se escuchaban por toda la casa por todos lados. Hoy sé que los asesinos utilizaron una ametralladora del mas alto poder destructivo que
el ejercito posee. Era como una guerra, no podría describirlo de otra manera. Y yo estaba en el centro. A todo esto se sentía mas fuerte el olor a gas.
-Después de ese breve instante que me detuve en el corredor, volví a pensar en el tío, él era la única persona en quien podía confiar en ese instante. Vuelvo a entrar a la casa por el costado de la cocina para ver nuevamente si él estaba allí. El ataque no terminaba, era imposible ver o gritar. Me quedé como dos minutos mas o menos ACURRUCADO en un rincón de lo que había sido nuestro comedor, pensé quedarme ahí hasta que alguien entrara o esto terminara. NO encontraba otra salida. Recuerdo que la voz me salió al pensar: ¡Nos quieren matar!. Era imposible pensar otra cosa, entonces me di cuenta que no podía quedarme, que no podía seguir allí, además el humo y los gases eran más intensos y esto me obligaba a salir. (Eso era lo que los asesinos querían).
-Salí de nuevo al patio buscando al tío. No podía correr, tiene que haber sido por causa del estado de shock que me encontraba. Pensé en el segundo patio el que daba hacia la calle posterior Cauquenes, quizás podría salir desde allí a la calle. Al llegar a la puerta que dividía los 2 patios miro por un hueco que tenia la puerta de madera y salgo al segundo patio. Entonces escucho gritos de los asesinos, como dando órdenes. ¡Por ahí Huevón!. Simultáneamente se escuchan ráfagas de ametralladora y veo fuego desde esa dirección. Ante esto me devuelvo a la casa. Al ir regresando veo que ellos se estaban instalando en el techo de una casa vecina, parecía que estaban instalando focos para alumbrar hacia la casa. ¡Eso fue lo que pensé entonces!.
-Mirando la casa desde la puerta que dividía el patio, a través del largo pasillo cubierto con parras y arboles frutales a su alrededor, me di cuenta que la casa estaba completamente rodeada, no habiendo ya nadie dentro de la casa y seguían
disparando.
En ese momento di por perdido al tío y quedaba yo solo. Tenía que escapar de ahí, así es que se me ocurrió subir al muro para pasar al patio de la casa vecina y seguir hacia el albergue, pero no pude seguir, los muros siguientes eran muy altos, tal vez correspondían a los dos pisos del albergue. Yo estaba muy nervioso, pensaba que era la única salida, que solo no podía seguir y tenía miedo que si los asesinos me encontraban me matarían.
Como no pude seguir pasando otros muros (hoy pienso que eso fue mejor) porque quizás me hubieran matado en el intento. Me encontraba solo y el instinto de supervivencia me llevaba a buscar una salida, estaba encerrado en el patio de la casa vecina. Pensé esconderme en un cuarto como bodega que allí había, pero pensé que si registraban las casas me encontrarían. Pensándolo mejor me dirigí a la casa misma.
Creo que golpeé la ventana. El dueño de casa estaba acostado. Yo parado afuera tratando de explicarle mi situación con pocas palabras y seguramente muy nervioso, le digo que era a mi casa a la que disparaban, que yo estaba solo y que tenía miedo, que me iban a matar.
Me permitió entrar, me vio lo nervioso y lo mal que me encontraba, me dijo que no me preocupara, que si entraban a su casa él diría que yo era un sobrino suyo que había ido a ver el partido de fútbol con él. En ese momento me encontré solo, en manos de aquel hombre.
Luego, él va a ver lo que ocurre afuera en la calle a través de las ventanas del living dejándome solo, lo hizo en silencio, sin hacer ruido ni encender luces. Al regreso me dice que no me preocupe, nuevamente me dice que diría que yo era su sobrino, a todo esto la balacera continuaba, era de nunca acabar. Yo le pregunté con voz muy quebrada ¿porque disparaban a la casa si no hay nadie?. Yo no sé si él respondió mi pregunta.
Me sentía muy nervioso, muy mal, me dijo que tenía unas tabletas para los nervios, de las cuales me dio una. Me dijo que eso me ayudaría, que eran muy fuertes. Algo comentamos, él me hablaba de un sobrino que tenía, el cual a veces lo visitaba.
El terror no terminaba. Aún se sentían los balazos y yo en casa del vecino, solo era un muro que dividía las casas. Él trataba de tranquilizarme, me dijo que tenía un auto, pero que no podíamos salir esa noche ya que sería muy peligroso, nos podrían detener, que mejor saliéramos la mañana siguiente. Luego se acostó nuevamente para seguir viendo el fútbol, me dice que me acueste a su lado. Yo ya nada podía hacer nada, solo esperar.
A todo esto habrían pasado unos 30 a 45 minutos o una hora tal vez desde que se inicio el ataque, no supe por qué cuando ya estaba en esa casa seguían los disparos y recuerdo que pensé ¿porqué no entran a la casa?
Querían matar a todos los que estuvieran adentro sin importarles quienes fueran. También pensé en toda mi familia en esos momentos.
Después que el dueño de casa me reiteró que me acostara, me tendí encima de la cama con la ropa puesta por si tenía que seguir arrancando. Por ropa sólo tenía una polera blanca, un pantalón y zapatillas.
Después bajó la intensidad de los balazos y se escuchó que entraban a la casa, como iban de pieza en pieza disparando y buscándonos. Al rato después trajeron una máquina como un taladro, algo buscaban por toda la casa, cada ruido que
hacían se escuchaba desde la pieza del vecino donde yo me encontraba. Se sentía como destruían todo lo que allí había, muebles y objetos, disparaban a su paso para asegurarse que no había nadie vivo de nuestra familia, puesto que sólo nosotros vivíamos allí.
Después que me relajé un poco, posiblemente por efecto de la tableta, empecé a pensar en mi papá y en el tío Hugo y en qué iba a pasar conmigo. En ese momento aparece un flash noticioso en la televisión donde muestran imágenes de todo lo sucedido esa noche en nuestra casa, las noticias muestran a carabineros y agentes de civil con armas y en el brazo una banda de color, típicas de la CNI, muestran la casa por dentro, muestran armas que yo nunca antes había visto y dicen que mataron en un FUERTE ENFRENTAMIENTO a dos terroristas, uno de ellos pasando la esquina de la plaza Garín casi al costado de la Iglesia. Dijeron que él había escapado de la casa con un arma en la mano, inmediatamente me di cuenta que hablaban de mi papá: Alejandro Salgado. Entonces me puse a llorar, el dueño de
casa me preguntó si era verdad lo que decían las noticias, yo le contesté que mi papá había salido temprano y ni siquiera había alcanzado a llegar a casa de vuelta y que no tenía arma, que todo era una mentira. Después dijeron que habían matado a la otra persona en el patio de atrás de la casa, ahí comprendí que los gritos y disparos que escuché y vi anteriormente cuando iba hacia el segundo patio de atrás para intentar escapar por ahí, correspondían al momento en que mataban al tío Hugo Ratier. Yo no escuché disparos como si él hubiera disparado, ya que estuvimos muy cerca en el patio aunque no nos vimos, pero sí vi el fuego de las numerosas armas que dispararon desde afuera.
A la mañana siguiente después de una larga noche de insomnio, se despertó el vecino y me preguntó como me sentía, yo le respondí que no sabía que hacer, no sabía que iba a pasar conmigo. Me di cuenta que él estaba nervioso y en una
actitud muy humana me protegió sintiéndose responsable de mi vida.
Me dijo que me iba a sacar de ahí, pero primero tenía que ver como estaba la situación en la calle. Me comentó que era o había sido del partido Radical, quiso darme confianza para que estuviera tranquilo, fue a comprar pan y cuando volvió me explica que afuera de mi casa había dos carabineros custodiandola.
Después me dice que nos vamos, salimos y pude ver una patrullera de carabineros y dos uniformados con ametralladora que vigilaban la casa y miraban a todos los que pasaban por delante. Yo traté de no mirarles a la cara y caminar lo más normal posible. El vecino no quiso viajar en auto, pensó que era mejor así. Caminamos por
entre las personas que estaban en la calle, al pasar por el albergue miré a una mujer a la cara como queriéndole decir algo, yo no sé si me reconocieron, seguimos caminando por Samuel Izquierdo hasta llegar a José Joaquín Pérez a tomar el micro. Caminamos callados y así salimos del sector.
Al llegar a Mapocho nos bajamos, él tenía una tienda en el sector de Balmaceda creo, en la cual vendía artículos o repuestos eléctricos o algo así, me dio un poco de dinero para locomoción y me dijo que lo llamara cuando me sintiera mejor. Nos despedimos, yo le agradecí toda la ayuda recibida. Sin la ayuda de esta persona, yo no sé si hubiese sobrevivido esa fatídica noche del 7 de Septiembre de 1983.
El día 8 de Septiembre y lo que vino después
Cuando me separé del vecino no estaba seguro de lo que haría, temía llegar a casa de mi hermana Patricia, la única casa de mis 3 hermanas que conocía. Pensaba en la seguridad de ellas y sabía que no podía contactarlas.
Me acordé de la Iglesia del sector del Salto, de Antonia y su familia y hacia allá dirigí mis pasos. Al pasar frente a los quioscos veía los titulares con calle Janequeo, me ponía nervioso, no sabía las pretensiones de la represión ni si yo era perseguido.
Caminé hacia Recoleta pasando un puente de Mapocho. Pensaba en todo y no veía claro, estaba perdiendo la calma y me di varias vueltas para despistar a posibles seguidores, se veían patrullas de Carabineros por ese sector cerca de la Vega.
Yo estaba decidido a ir al mismo lugar donde me habían acogido anteriormente. Cambié dos veces de micro para llegar lo mas cerca posible a mi nuevo destino. Recuerdo que al pasar frente al Regimiento Buin me puse nervioso.
Me bajé bastante retirado de mi destino, algo recordaba donde estaba la Iglesia, no sabía si era perseguido. Comencé a caminar a paso rápido, sólo tenía en mi cabeza la idea de llegar cuanto antes, todavía me quedaba por caminar.
Al llegar a casa de ANTONIA, ella estaba sola en casa, le expliqué la situación, ella entendió y me dice que espere y se va a la Iglesia para contarle al padre Jesús.
Una monja Francesa me ayudó; no recuerdo cómo llegamos a la iglesia Recoleta Franciscana, allí me recibió el padre Patricio Leiva y me brindaron protección. En la iglesia Recoleta Franciscana me acogieron preocupándose de mi seguridad, permanecí un mes viviendo y compartiendo con los novicios y sacerdotes. La monja que me trasladó hasta esta iglesia me visitaba y me llevo ropa. A veces me llevaban a la lavandería y los novicios me mostraban un lugar donde yo me podía esconder y nadie me encontraría. Temían que allanaran La Recoleta. Yo no salía de la Iglesia,
estuve un tiempo sin saber que pasaría conmigo. La monja se preocupó de contactarme con la Vicaría de la Solidaridad y con mi hermana Patricia.
Con el apoyo de la Vicaría fui a declarar a la Segunda Fiscalía Militar, querían encontrarme culpable pero por ser menor de edad (15 años) quedé libre.
Casi un mes después de todo lo sucedido la CNI incendió la casa de Janequeo para no dejar rastros de sus delitos y crímenes.
