A Arturo Villavela Araujo le conocí para la constitución de la jefatura del GPM 4, nos llamó la atención ya que se suponía que el jefe era el Hippie Benado. El Coño venía del grupo Granma de Concepción junto con José Bordaz, el otro Coño y Juan Carlos Perelman, todos ingenieros que se incorporaron al MIR desde el grupo Gramma. El Hippie quedó de subjefe, pero al poco tiempo desapareció del GPM. La jefatura estaba compuesta por Lautaro Videla, el chico Santiago, Martin, a cargo del trabajo político y de masas, la chica Isabel a cargo de la unidad de infraestructura y yo a cargo de unidad Operativa e Informaciones.
Desde el primer momento, me llamó la atención la capacidad del Coño para manejar la jefatura, ya que era alguien que no conocíamos. Siempre estaba preocupado de cómo funcionábamos, de las tareas, de hacer catastros y planos de la zona geográfica donde estaba el G4, etc. Le gustaba conocer de nuestras pequeñas operaciones de abastecimiento, expropiación de vehículos para otras operaciones mayores y también de discutir de todo lo relacionado con la estrategia político-militar. Era un estudioso del tema. Tiempo después, salí del GPM a trabajar con el Coño en la coordinación de tareas de instrucción militar para los GPM. La etapa del GPM, fue el periodo de tiempo más largo de mi funcionamiento orgánico junto al Coño. Siempre surgían tareas puntuales que me encargaba: Asesoría para pequeñas expropiaciones de otros sectores del partido, operaciones de inteligencia, compra de fierros, etc. La tarea más importante del GPM, planificada y desarrollada por la jefatura liderada por el Coño, fue la toma de terreno que dio origen al campamento “26 de julio”. Fueron meses de trabajo intenso y un período en que los encargados del trabajo de masas dieron muestra de su capacidad de conducción.
Durante un tiempo me tocó vivir junto al Coño y el Juancho en un departamento cerca del hipódromo, por Vivaceta. Pero muy pocas veces coincidíamos los tres en el lugar. Al poco tiempo lo dejamos
Estuvimos juntos en muchas actividades y cada vez demostró una gran sangre fría y saber enfrentar de buena forma los obstáculos surgidos a último momento, como ocurrió en la expropiación en la Vega Poniente. Debíamos estar en un jeep, uno de los vehículos que yo debía conducir. El Coño era el jefe del grupo. Estábamos acuartelados en un departamento en Miraflores con Santo Domingo
Debían entregarnos el vehículo en un punto cercano al acuartelamiento, pero nadie llegó a la hora acordada. Entonces, el Coño tomó la decisión de salir a buscar el jeep. Maquillados atravesamos Santiago en taxi hasta el depósito ubicado en Lo Encalada con José Domingo Cañas. Al llegar, encontramos que el encargado estaba sin poder abrir el portón porque había perdido las llaves. Abrimos como pudimos y sacamos el jeep. Tratamos de incorporarnos al operativo haciendo el encaminamiento acordado de antemano. Pero a medida que nos acercábamos al objetivo, nos fuimos encontrando con los autos de reemplazo en sus lugares. Ante eso, el Coño toma la decisión de abortar nuestra participación, y nos fuimos al punto donde nos debían recoger.
En otra ocasión, estando acuartelados para otra operación, con muchos compañeros de dirección, (Tranquilo, Chico Zorrilla, el Guatón con bigote, Juancho, el Coño y yo). Nos ejercitábamos con posiciones de tiro y cuando se acabó la práctica, cada uno dejó su arma con cargador, pero el Coño siguió jugando ya sin arma. Se enfrentó al Juancho, que estaba sentado en un sillón con su arma en una mesita que había a su lado, y le gritó: ¡Alto!. En un acto reflejo, Juancho tomó el arma, pasó bala y disparó. Escuchamos el estruendo y vimos caer al Coño al suelo con un hilo de sangre que recorría su frente. ¡Lo mató!, pensamos todos. Por suerte, la bala sólo le rozó el cuero cabelludo… Pero pasamos un gran susto y nos preocupamos pensando que los vecinos podrían haber escuchado el balazo. Nada eso ocurrió y todo siguió con relativa normalidad. El Coño, después del susto, y de las curaciones, mostró una gran calma y calidad humana, supo enfrentar y tranquilizar al Juancho que estaba muy mal. El guatón con bigote tomó el mando y arrestó a Juancho y le quitó el arma, hasta que llegó Miguel.
En otra ocasión, en el marco de una manifestación estudiantil, los pacos habían matado a un estudiante en Puente Alto. Se estudiaron algunos objetivos para dar una respuesta propagandística: una bomba de ruido en el cuartel de Fuerzas Especiales. Nosotros éramos de la coordinación de grupos operativos y no había nadie de la dirección ni del regional ni de la CP. Cuando ya casi nos preparábamos para operar, aparecieron los Coños Molina y Aguilar y cambiaron el objetivo por una garita, (no sé a qué correspondía), ubicada en Tobalaba con Eliecer Parada. Participamos con varios autos operativos, hasta una camioneta grande que era del JM. Se desplegaron las fuerzas y se instaló la bomba. Cuando explotó, todos arrancamos de acuerdo a la planificación. La mala suerte fue que, al momento de la explosión, había un taxi que vio a uno de los vehículos participantes. Y lo persiguió. En ese auto iban el Coño Molina, Nano De la Barra y Alvaro Díaz. Al llegar a la altura de las Torres Tajamar se dispersan. Díaz logró cruzar y esconderse en las Torres de Tajamar. El Nano se dirigió a un departamento ubicado en calle Huelén, pero fue detenido por los pacos, que llegaron hasta allí, informados por el taxista. El Coño Molina, que desconocía la zona, se encaminó hacia Miguel Claro donde está ubicada la Novena Comisaría y también fue detenido. Al día siguiente, con el Quila, rescatamos a Alvaro Díaz.
Tres compañeros cayeron presos y se me planteó una contradicción con el Coño Vilabella y su selección del objetivo. Estuve un tiempo molesto con él y conversamos en varias ocasiones al respecto. Me explicaba que atacar a las fuerzas del orden significaba dar un paso más delante de lo que era nuestra política para ese momento. Lo entendí y quedamos tan amigos como siempre. Siempre tuvimos una buena relación tanto en lo humano, como en lo político.
En junio del 72, para nuestro matrimonio con la Cheña hicimos una fiesta en la que estuvieron muchos amigos y compañeros. El Coño fue uno de ellos y mostró sus dotes de buen bailarín toda la noche. Su personalidad era un tanto introvertida, pero muy alegre, juvenil, muy sociable. Bueno para conversar y muy culto. Un gran admirador de la lucha del pueblo vietnamita y de sus enseñanzas para Chile. Era también muy serio, político y estricto en el cumplimiento de las tareas.
El Coño jugó un gran papel de conducción en la conformación de Jefatura y de la FC. Juancho como jefe, el Quila y yo, como encargados de dos escuadras cada uno. Jefes de escuadras
La jefatura del GPM 4 se termina de construir enero del 1970.-
A fines del 72, con los dos coños (ya en la CP) más Juancho, Pato Meniconi y yo, se conforma una nueva Jefatura que agrupa a las dispersas tareas técnicas y de talleres, con sus distintas unidades, orientada a responder a la estrategia político-militar y retomar el trabajo que talleres desarrollaba hacia tiempo (incorporando además nuevos talleres /construcciones).
Meses antes del golpe, vivimos casi a diario juntos en la casa de la CP -que quedaba muy cerca de la casa de mis padres- Mucha SIPONA y situación internacional, y reuniones para controlar los planes y tareas.
Antes estuvimos juntos en la escuela de la JCR, el Coño como profesor, yo como alumno. Allí mostró su gran capacidad para explicar las políticas revolucionarias del partido. Cuando las materias eran de difícil comprensión, recurría a la Teoría de Conjunto, para que entendiéramos de mejor forma. Era además un gran conocedor del pensamiento de los grandes del marxismo y de la Teoría Militar.
Después del Golpe.
Como en Febrero del 74 nos cambiaron de casa a la calle Maruri, la gran sorpresa fue que mi vecino de casa era el Coño. Fue un periodo corto pero intenso de convivencia y trabajo donde nos pasábamos por la muralla, un día yo, otro día él. El Coño estaba muy preocupado por las últimas caídas. En este periodo realizamos el trabajo de la embajada junto al Quila y un equipo bajo su dirección. El 30 de marzo del 74, el Coño fue detenido en una balacera. Tuvimos que salir de la casa. Nunca supe cómo, ni producto de qué, fue su caída. Después de un mes, pudimos volver a la casa que no fue descubierta. Nuestra vecina era la chica Marchi, que había sido enlace del Coño. Nos topamos varias veces en la calle, afuera de la casa. Pasaron varios días y no supimos nada de ella. Hasta que aparece por mi casa personal de la SIFA, con Ceballos, preguntando por ella. Él no sabía quiénes éramos y nos pidió toda clase de disculpas por interrumpir. Ceballos nos explica quién era ella. Y, por supuesto, nos mostramos muy impresionados cuando nos entregó la información de quienes habían sido nuestros vecinos. Fue la primera vez que se tuvo la certeza de que el Coño estaba detenido y en manos de la SIFA. Nosotros logramos zafarnos sin problemas. Nos contactan con la Lumi quien nos lleva hasta la casa donde vivía el coño Molina. Esto fue un jueves y, el sábado 1. de junio del 74, me detuvieron en un contacto con Gaspar y la Rucia Marchi, a quien acompañaba. Ceballos estuvo a cargo de ese operativo.
En el subterráneo del AGA vi al Coño en una sola ocasión al pasar por su pieza rumbo al baño. El estaba con la gente de la UP. Yo estaba con el Reta a un lado, al otro lado estaban el pelado Moreno, Victor Toro. Cuando se acaba la AGA nos trasladan a la Casa Amarilla donde viví nuevamente con el Coño. Nos llevaban hasta la casa de Maruri (que habían expropiado) para que nuestros familiares nos pudieran visitar cada 15 días. Al Coño lo visitaba su mujer, la Chaly, su hijo Petit y su madre.
Fuimos trasladados a la Penitenciaría. Él vivía con el pelao Moreno y yo con mi vieja, el Quila. Fueron varios meses donde tratamos de convivir en condiciones de presos políticos, muchas reuniones individuales y colectivas, mucho estudio, trabajo manual, deporte, Fui llevado una semana en celda de castigo, porque en un Sipona con el Coño, escribí en un cuaderno “Leigh fascista”, que era la caracterización que hacía el partido de los miembros de la junta. El Coño trataba de curarse de sus heridas de bala, le costaba porque se le infectaban. Hacía harto deporte: fútbol y basquetbol. Durante el Consejo de Guerra 8474, mostró una vez más, sus dotes al plantear la estrategia que la defensa debía desarrollar, para justificar la acción militar y el trabajo político de masas contra la dictadura. Y, de este modo, enfrentar a los jueces que nos acusaban.
Estuvimos más de un año juntos en la Penitenciaría. Fui de los primeros del proceso 8474 que desde Capuchinos salió al aeropuerto con destino al exilio a París. Muchos meses después, supimos que el Coño había salido primero a España y desde allí a La Habana. Ahí nos reencontramos. Yo estuve muy enfermo en París y él planteó que sería bueno que me trasladaran a Cuba junto con mi familia.
Volvimos a trabajar juntos. Durante un largo periodo, el Coño me incorporó al grupo de estudio que dirigía junto a Gastón Muñoz. Eran compas del trabajo de escuelas. Yo militaba en tareas cerradas. En varias ocasiones me manda en periplo por Panamá, Nicaragua, Costa Rica, con el objetivo de obtener información sobre materiales para logística rural. También a tareas de finanzas. Una muy específica era el contacto con un isleño que nos apoyaba en la preparación de gente del exterior que no podía pasar por escuelas.
No supimos cuando retornó a Chile, ni tampoco tuvimos contacto a través de otros compañeros. La noticia de que lo habían matado nos golpeó a todos. La Cheña estaba en esos meses en Chile, después de haber tenido autorización para volver y por estar vinculada a la Vicaría, tuvo acceso a mucha información de la represión que se desató después del atentado al Intendente Carol Urzúa. Las masacres de Fuenteovejuna y de la calle Janequeo en la que 5 compañeros del MIR fueron eliminados por la CNI, entre ellos el Coño, fue considerada por los organismos de DDHH, como una venganza de la dictadura.
