Valeria Vallejos habla sobre Álvaro Vallejos

Hay muchas cosas que son ciertas y otras que son de papel. Mi hermano nunca tuvo un hijo… lástima! lo hubiera amado tanto como a él.

Cuando se lo llevaron yo tenía 10 años.

Aún recuerdo que envolvía sus cráneos en un chal y yo los mecía como a un recién nacido, jugaba en su habitación mientras él estudiaba sus cátedras.

Me hacía dormir y aunque, soy solo su media hermana, sentía su paterno dulzor en sus preocupaciones y desvelos hacia mí.

Todavía tengo guardadas algunas de las medallas que ganó por excelencia académica en el colegio, se las di a una de mis hijas que al parecer seguirá sus pasos en la medicina. Ella habla de él como si lo conociera e incluso más de alguna vez mencionó haberlo visto, tengo el presentimiento, a veces, que su inquieta alma dibuja mi casa.

Tengo la impresión que mi sentir y el de ustedes es un poco distinto, ya que yo no busco justicia, ni la pido, ni la imploro. No sé…tal vez «El Padre» empapo mi espíritu más que al resto y perdoné… si perdoné y no guardo rencor, solo lástima y levanto de lo profundo de mi inmortalidad un ruego al Padre para que perdone porque no sabían lo que hacían. Me resulta triste pensar en lo básica que puede ser nuestra conducta, tomando en cuenta la esencia de la que fluye; arrebatar la vida, robar no es más que odiar y odiar que es? …  yo ya perdone lo hice es porque él me lo enseño…como Álvaro que daba sin condición, que ayudaba al que no tenía, al enfermo… y me pregunto yo…. ¿cómo es su alma, si tiene el privilegio de venir y estar entre nosotros?.

Pobre de aquellos que se lo llevaron de mi lado…

Aquella noche yo estaba sentada en sus rodillas y me enseñaba a dibujar un canibalito». Me había traído de regalo un pequeño televisor de madera con la foto de «Piero», ¡me divertía tanto hacer girar la pantalla!

Álvaro -dijo mi padre-, allá afuera… te están buscando. Habían tocado el timbre de mi casa y alguien preguntó por el «loro matías». Acá no vive nadie con ese nombre -respondió mi padre, y ¿Álvaro Vallejos?-dijeron. De pronto hubo un silencio que hizo que mi Padre comprendiera todo.

Mi hermano me bajó de sus piernas presuroso y corrió en busca de… no sé qué, tal vez de unas alas, que lo harían llegar a sus ideales, un escape de muchas miradas, una luz. De pronto, vi a dos hombres entrar bruscamente a mi casa, afirmé a mi perro, en una lógica e inocente actitud infantil, y vi como mi hermano se subió en la muralla de la casa vecina para huir ….no pudo, se lo llevaron.

Lo volví a ver unos pocos días después, supe que se vino a despedir, lo vi en sus ojos de ángel, en su inquieta y revolucionaria mirada.

Lo extraño, como quisiera que estuviera aquí, como quisiera apagar el dolor de mi padre con su presencia. Me parece verlo, cuando recuerdo que caminaba sobre sus pantuflas arrastrando sus pies, era divertido. Yo también lo hago, creo que me lo heredó.

Quiero que sepan que no tengo dolor solo nostalgia de su presencia, que lo recuerdo, que lo amo, que me siento orgullosa de él porque murió defendiendo sus ideales, por su intelectualidad, por su amor al prójimo.

Vivirá dentro de mi siempre, en mi mente, en mi corazón y en mis hijos

Gracias por acordarse de él un abrazo

Valeria