Tareas especiales

Por Angela

Un día cualquiera a fines del año 1972 iba llegando en micro a la entrada de la Población San Genaro de Renca, seguro que a una reunión o a ocupar el mimeógrafo en la casa del Flaco Lucho. Me bajé y me encontré de sopetón con Juan, quien iba rápidamente caminando.

  • ¡Compañerita, tanto tiempo! – me saludó sonriente con su cara de niño chico.
  • Así es, no te veía desde la última marcha, le respondí.
  • ¿Y en qué andas? ¿Sigues en el frente de pobladores? Cuenta, cuenta, me urgió.
  • ¡Juan, tú sabes que no podemos entrar en detalles! Le reproché. Pero sí, sigo ahí.
  • ¡Puchas, que vas lento, te ha costado desarrollarte! En cambio, yo, estoy en tareas especiales, me contó con una cara de misterio y orgullo.
  • Cuenta, cuenta, le dije un poco picada.
  • Lo siento, no te puedo contar más . . .  se largó a reír y se fue.

Esa cara y su sonrisa picaresca quedaron grabadas en mi memoria para siempre. Nunca pensé que esa sería la última vez que lo vería.

Esta simple anécdota retrata fielmente la personalidad de Juan, muy joven, 18 o 19 años, muy activo y sobre todo palomilla. Llegó al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) a partir del trabajo político desarrollado en las Poblaciones Huamachuco 1-2 y que se había iniciado con la población 1º de Mayo y la José Cardinj. De hecho, en ese entorno estaba la señora Eliana, compañera que fue detenida después del Golpe de Estado por los aparatos de inteligencia de la Dictadura precisamente buscando a Juan, entre otros más.  Ella fue interrogada por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y le preguntaron por “el cojo”, por el que tocaba guitarra (Teco y Walter), por el Flaco Lucho y el Feliciano, todos conocidos en Renca como militantes de izquierda. Al allanar la casa de la señora Eliana, encontraron una foto de Mario Gho y al parecer esto les permitió confirmar sus sospechas sobre su pertenencia al MIR.

En enero de 1972, el partido lo destinó a él y a Iván a hacer trabajo político en un asentamiento cercano a Linares. Sin mayores provisiones, sólo con un saco de dormir, la instrucción era que había que conseguir comida con los campesinos. Pero la realidad era que apenas tenían para ellos, así es que pasaron la primera semana comiendo moras. Partieron a Linares para hablar con el contacto del partido y plantear sus críticas por la falta de organización y desconocimiento de la situación sociopolítica de este lugar. Finalmente, el tema se resolvió parcialmente con chancho chino y otros.  El predio era pequeño no había nada que cosechar, los campesinos no habían sido informados de su llegada y, en ese momento, su preocupación central era subsistir y llevar alimentos a sus familias. Así es que -pese a sus esfuerzos- no se logró mucho en el aspecto político. Luego estuvieron una semana en Linares y de ahí volvieron a Santiago.

Marzo era un mes importante para Juan pues empezaría con el servicio militar. Con ello inició sus “tareas especiales” de trabajo en “F”, muy compartimentado. El partido lo sacó de la Huamachuco y se fue a vivir en la casita de atrás de la casa del chico Feliciano.

El 11 de septiembre de 1973 lo encontró haciendo el servicio militar en el Regimiento Buin y con un trabajo político que ya tenía sus frutos pues había logrado armar una unidad bajo su dirección. Sin embargo, el Capitán Echeverría, a cargo de la inteligencia de este Regimiento, lo descubrió y le colocó una trampa al enviarlo a un operativo al que Juan se negó. Ordenó de inmediato su detención y el 16 de octubre de 1973 fue ejecutado al interior del Buin. Este capitán nunca ha sido procesado y vive en la impunidad.

¡Honor y gloria compañero Juan! ¡Siempre estás en nuestra memoria!