Luis Ernesto Piérola Sepúlveda, un militante ejemplar

Por Oscar Orellana (Flaco Lucho)

En los años 1960-1970, la empresa Hirmas era una de las industrias textiles más importantes de Santiago y la más grande -en cantidad de trabajadores- de la comuna de Renca. En ella, laboraban alrededor de 3000 operarios localizados en dos plantas.

Cuando nosotros tomamos la decisión de trabajar políticamente en Hirmas, teníamos dos factores a favor: En primer lugar, un pequeño núcleo de miristas en su nueva planta (Texicron) y, en segundo lugar, la gran mayoría de los trabajadores de esta planta eran jóvenes.

Pero, de todas maneras, sabíamos que sería un trabajo arduo. Teníamos como competidores a experimentados sindicalistas del PC y PS que, hasta ese momento, no tenían contrapeso.

En la primera elección sindical en la que participamos, no tuvimos gran convocatoria. Sin embargo, en nuestro segundo intento, obtuvimos la Presidencia del sindicato después de unas agitadas elecciones. El sindicato quedó conformado con nuestro compañero Luis Ernesto Piérola Sepúlveda, un militante local.

Un factor importante en este logro fue la personalidad de nuestro camarada. Él, Luis Piérola era un poco mayor que nosotros y, por tanto, tenía mayor experiencia de vida. Antes de trabajar en Texicron, él había tenido otras ocupaciones y caminos recorridos. Se había desempeñado en diferentes oficios, incluso como cantante en bares y cafés. Tocaba bien la guitarra y tenía buena voz con la que -en algunas oportunidades- nos deleitaba cantando boleros.

Como dije, la mayoría de los trabajadores en Texicron, éramos jóvenes entre 20 a 25 años. Y además casi todos los varones estábamos en la sección Telares, Cardas y Transportes. Sólo algunos trabajaban en Hilandería, donde la mayoría eran mujeres. Piérola era uno de los pocos varones de Hilandería y tenía un gran «arrastre» entre ellas. Derrochaba simpatía y amabilidad a toda hora. Era respetuoso, amable y denotaba una educación que seguramente había adquirido en el seminario, durante su adolescencia.

De convicciones muy fuertes y arraigadas, no era en absoluto sectario. Siempre dispuesto a conversar e intercambiar opiniones con todo el mundo.  Era el único que recibía sin problemas a dirigentes sindicales trotskistas cuando venían a visitarnos.  En eso se diferenciaba de los miristas más jóvenes que, de cierta manera, evitábamos enfrentarnos a esos experimentados y cultivados luchadores.

Con el Lucho Piérola se amplió la experiencia sindical del MIR en la capital.

Lamentablemente, el Partido no lo supo capitalizar estos avances como deberíamos haberlo hecho.

Además de lograr la presidencia del sindicato y ganar presencia política en la empresa, varios los logros fueron obtenidos por los trabajadores de Hirmas. Quizás el más importante fue la nacionalización de la empresa en 1972.

En la reunión que oficializó ésta, estuvieron presentes la Delegación Sindical encabezada por Luis Pierola, Pedro (Osvaldo Radrigan) por el MIR y André Van Lanker consejero económico para el sector Textil del gobierno de Salvador Allende.

André Van Lanker, era belga y militante del MIR también. Fue detenido y torturado en el Estadio Nacional. Luego de ser liberado, André denunció públicamente las actividades de la DINA en Europa. Murió «accidentalmente» en 1977 al caer desde el sexto piso del Ministerio de Economía en Bruselas, donde trabajaba.

Después del Golpe cívico militar de Pinochet en septiembre de 1973, Luis Piérola pasó a la clandestinidad de inmediato ya que fue uno de los buscados por los golpistas en nuestra zona.  En enero del 74, los militares publicaron una lista de las 220 personas más buscadas en el país. El nombre de Piérola figuraba allí, junto a la doctora Haydée Palma y otros conocidos personajes de Renca.

El Lucho Piérola se integró a los trabajos de reorganización del MIR y estuvimos trabajando juntos en los primeros meses del 74. Durante ese periodo, compartió alojamiento y vivencias con «José» (Hugo Ratier). La situación era más que precaria. Apenas podían pagar el arriendo de la habitación donde estaban. Además, tenían que de mantener una fachada algo creíble, para no levantar ninguna sospecha que les pusiera en peligro. Muchas veces ni siquiera tenían para las cosas más elementales de subsistencia. Ambos tomaban las dificultades con un temple que eran características compartidas; convicción profunda, serenidad ante los problemas, optimismo innato y ante la adversidad, el ingenio. Prueba de ello era la manera de calentar el agua para el tecito y el mate para José. Como no tenían ni gas ni cocina, colocaban dos electrodos directamente en un tazón con agua. De esa manera solucionaban el problema. Aparte de la amena conversación que siempre se tenía con ellos, nunca faltaba el buen humor para compartir las inciertas horas de aquellos tiempos.

Posteriormente, cada uno tuvo distintas responsabilidades en la re articulación del MIR.

Luis Piérola fue detenido por la primera vez en el 76 y pasó de manera «ligera» por Villa Grimaldi ya que su arresto no se produjo por sus actividades clandestinas.

Nos encontramos en el campo de Tres Alamos y fuimos liberados juntos una noche de 

septiembre del mismo año, previo al cierre definitivo de los campos de concentraciones.

Pasamos algunos días juntos en casa de familiares míos. Luis Piérola no quiso salir al exilio y siguió trabajando ligado a la parte sindical del MIR hasta 1979 cuando vuelve a ser detenido, pero «sin mayores consecuencias».

En los años 80, desligado ya de la parte orgánica del MIR, Piérola siguió participando en los movimientos de masas. Nuestro compañero Renard lo retrata fielmente cuando describe al Lucho Piérola en medio de una manifestación, solo, caminando hidalgamente con una gran bandera del MIR.

Años más tarde, lo que no pudo doblegar la Dictadura ni la represión lo hizo el cáncer, la maldita enfermedad a la que nadie le agrada nombrar.

Con gran lucidez y serenidad enfrentó sus últimos días. Con la misma dignidad descrita por Renard y entre recuerdos emotivos y anécdotas, chico Antonio, Pipa, Haydée, Renard, pudimos conversar y despedirnos de él.

Luis Ernesto Piérola Sepúlveda falleció el 23 de diciembre 2019 y descansa en el Mausoleo del MIR en el Cementerio General de Santiago.